Carlos Raúl Villanueva un arquitecto de las jóvenes generaciones

IMAGEN SUPLEMENTO 62/63 - CARACAS, 31 DE DICIEMBRE DE 1969

 

Carlos Raúl Villanueva un arquitecto de las jóvenes generaciones

 

ANGEL RAMOS GIUGNI

 

 

Uno de los graves problemas que confronta la educación superior venezolana es la falta de formación integral de los profesionales que la Universidad produce, la falta de humanismo de la cual está urgida una sociedad en plena evolución como la nuestra, es decir, la disyuntiva a la cual se enfrentan, ciencia, técnica y humanidades.  Ello deriva de la constatación a nivel mundial de los que los dos grandes sistemas imperantes (comunismo-capitalismo), no han podido resolver los graves conflictos sociales que mantienen en efervescencia y en tensión a toda la humanidad.  De estas polaridades surgen las “teorías revisionistas” que constituyen la prueba fehaciente de esta crisis.  La juventud francesa, durante “Los Días de Mayo” del año 68, comprobó una vez más la veracidad de esta afirmación, e intentó la renovación universitaria pensando que, la renovación universitaria pensando que, sin encontrar salida a las doctrinas filosóficas imperantes, sólo en el cambio  de las estructuras educacionales -  a largo plazo -,  podría conseguirse conformar principios filosóficos, sociales, políticos y económicos de perspectivas diferentes, y con ellos, la formación de cuadros gubernamentales capaces de dirigir los destinos de una sociedad ansiosa de satisfacer sus necesidades, que mira con escepticismo las soluciones que hasta ahora se le han ofrecido.  El tema de la transformación universitaria no es reciente ni de exclusividad venezolana.  Y apara el año 1959, la Unión de Universidades de América Latina, en su conferencia celebrada en la  ciudad de Buenos Aires, se pronunció señalando la urgente necesidad de ajustar nuestra educación superior a los requerimientos de la sociedad contemporánea, insistiendo sobre la urgencia de una renovación educacional que tuviese como base las Humanidades a todos los niveles. No fue otra la conclusión a que llegaron los miembros de la Asociación Mundial de Universidades, reunidos en asambleas durante el año siguiente en México, donde el Rector de la Universidad Nacional Autónoma, doctor Ignacio Chávez, planteó en forma dramática el balance de la educación superior y la solución única de orientarnos hacia un humanismo que tome en cuenta las transformaciones sociales que se han operado en las últimas décadas.

 

La complejidad de estos conceptos y proposiciones cobra mayor dramatismo en los países sub-desarrollados, donde existe una confluencia de problemas de orden económico y cultural que incide en toda la actividad produciendo confusión y parálisis de nuestro desarrollo.  ¿Cuál ha sido el resultado en Venezuela de la Renovación Universitaria? ¿Ha sido guiada por una filosofía de contornos precisos, por una planificación mínima? ¿Se trata de una sensible intuición donde muy pocos tienen conciencia de lo que significa?.

 

En las respuestas a estas solas preguntas estaría satisfecha la demostración de la magnitud del drama en el orden  de nuestro  pensamiento; y si a ello se le suma nuestra dependencia económica, veremos que el  círculo está cerrado y que la salida no es precisamente la que se nos ofrece.  Resulta profundamente satisfactorio para quien esté dotado de una dosis mínima de sensibilidad, encontrarse de pronto a alguien con quien compartir ideas.  Este ha sido el caso en relación con Carlos Raúl Villanueva: universitario de trayectoria poco fácil de encontrar.  El reúne cualidades integrales de formación donde los universitarios de hoy debieran tomar ejemplo.  Carlos Raúl Villanueva nos ha confesado en conversaciones, su vocación  de renovar a fondo la educación venezolana y en especial la universitaria: nos ha dicho dentro de un contexto de ironías impecables, no estar de acuerdo con los medios que se utilizan en la actualidad para impedir el desenvolvimiento de lo que acontece en la vida universitaria y ha señalado la necesidad de orientarla, sobre la base de una adecuada planificación, ya que sin lugar a dudas el momento actual ofrece la mejor ocasión para reproducir el cambio que todos necesitamos.

 

Hace más de cuarenta años que Carlos Raúl Villanueva está dedicado al ejercicio de su profesión, pero no desvinculado dela actividad docente  de la Universidad Central de Venezuela. Como arquitecto “aporta en sus propios diseños algunas de las contribuciones más valiosas y su influencia, debido a la intensidad de sus actividades, como profesor, autor y dirigente cívico, se ha dejado sentir mucho más  allá de las obras realizadas... el arquitecto debe plantearse las exigencias de una nueva sociedad urbana sin distinción de clases si desea mantener su decidida influencia cultural...“ afirma Sibyl Moholy-Nagy en su obra titulada “Carlos Raúl Villanueva y la Arquitectura en Venezuela”.

 

Otro de los aportes significativos de Villanueva, es la fusión de lo urbanístico y lo arquitectónico, planteado en dos de sus obras fundamentales: “El Silencio” y “La Ciudad Universitaria”.  Lo señalado hasta ahora bastaría par respaldar su posición en el diálogo que sigue al final de esta nota. No obstante, quisiéramos insistir en la importancia que él ha tenido para las artes plásticas –tanto a nivel nacional como mundial-  al proponer la “Integración de las Artes” como objetivo central y al mismo tiempo como complemento a su concepción social de la arquitectura. A excepción hecha de la Universidad Autónoma de Méjico, que constituye un precedente en la integración, (en algunos casos las obras que allí se encuentran no responden  a la funcionalidad que exige la formulación de este planteamiento),  La Ciudad Universitaria de Caracas representa una de las obras más influyentes en el destino de la arquitectura moderna.  Valdría la pena citar aquí como conclusión lo que dice Alfredo Boulton en el catálogo dela reciente exposición de Mateo Manaure en la Galería Mendoza, refiriéndose al momento cuando se construyó la Ciudad Universitaria:  “Para ese momento tiene lugar por primera vez en Caracas un movimiento de protesta política, de no colaboración con aquella obra que es hoy en día uno de los monumentos de mayor renombre artístico que tiene América. La protesta pocos la recuerdan. Queda la obra de arte, la expresión más allá del ser humano que deja atrás y en descrédito todo vasallaje de orden ideológico”.

 

Otro aspecto de la densidad formativa de Carlos Raúl Villanueva, es su claridad de conceptos acerca de las investigaciones plásticas de vanguardia. Resulta extraordinario que e un hombre de su edad aún permanezca fiel en la defensa en la defensa de los principios estéticos que animaron su época juvenil, cuando como estudiante permaneció en Francia y estableció vínculos con quienes hoy son los auténticos precursores de los movimientos más renovadores del arte contemporáneo.

 

De su inquebrantable idea de vanguardia, siempre en evolución, Carlos Raúl Villanueva deja un legado para los venezolanos que responde exactamente a los dos aspectos de su personalidad sobre los cuales ha orientado la manera de concebir su obra y el mundo del cual ha querido rodearse  En la Ciudad Universitaria se encuentra reunido un patrimonio artístico que no tiene similitudes en ningún sitio de América o Europa; al mismo tiempo, su colección personal, que incluye obras de Moholy-Nagy, Calder, Vasarely, Soto. Tinguely, etc., constituye, sin lugar a dudas, una de las muestras más aleccionadores donde debieran tener base las investigaciones plásticas de loas jóvenes generaciones.

 

Concluimos aquí por temor a caer en los  lugares comunes o en la repetición de lo que tanto se ha dicho de Carlos Raúl Villanueva y su obra.  Tratando de evadir esta posibilidad, quisiéramos que sea él mismo quien se identifique a través de estas páginas ante los lectores de la revista IMAGEN.

 

 

- Su condición de universitario, de profesor que ha realizado una importante labor docente, nos obliga a formularle una primera pregunta sobre la actual situación de las universidades en el país.

 

 

¿Qué opinión le merece a usted la Renovación Universitaria?

 

- A la Universidad Venezolana se le critica sólo o malo sin tomar en cuenta sus aspectos más positivos.  Yo estoy seguro que quienes están en contra de la universidad, ni siquiera conocen sus aulas, sus laboratorios, su capacidad de investigación.  Es necesario reconocer que nos encontramos en un momento histórico donde algo tiene que ocurrir.  Estamos en el final de una época y en todas partes se siente la efervescencia del advenimiento de una época nueva, y a ello no podemos oponernos.  La universidad es el sector más sensible de la sociedad y ella debe ser la avanzada de los cambios q que obliga la evolución.  Los conflictos existentes en el ámbito educacional venezolano se deben a la vieja estructura académica que comienza a tener problemas de  funcionamiento y que nosotros debemos renovar.  La universidad tiene una jerarquía superior que es necesario respetar.  La comunidad de profesores y alumnos es la que tiene potestad de producir los cambios que considere conveniente en el logro de sus altos fines.  Me niego a reconocer otros medios impropios para cambiar su estructura.  Es preciso ser amplio, capaz de entender lo que plantea la juventud, y a nosotros profesores universitarios, nos toca orientarla para que alcance sus objetivos:  El bienestar material y espiritual al que todos tenemos derecho.  Fieles a estas ideas estos obligados a seguir adelante, a influir en lo posible sobre el desenvolvimiento social apoyando el desarrollo de la cultura, de las ciencias y de las artes.

 

 

- Tomando en cuenta que la arquitectura tiene como fin esencial permitir al hombre vivir física y espiritualmente de la mejor manera ¿ cuales son los conceptos básicos sobre los que usted ha apoyado la realización de sus obras?

 

- La arquitectura no es un monumento ni tampoco museo.  La arquitectura, si se quiere, reúne estas dos condiciones, pero es ante todo funcionalidad y arte social por excelencia, contenido de la vida interior de los espacios.  Para ejemplarizar podemos referirnos a mi casa.  No se trata de la fachada que solo sirve de mirada rápida de los peatones y para ordenar los espacios exteriores.  Para nosotros los arquitectos del siglo XX, lo que más nos interesa, es crear vida interior, espacio necesario a la vida de los hombres en sus aspiraciones de orden material y espiritual.  Por lo tanto, es misión de nosotros colaborar para que el hombre tenga una existencia más feliz en todos sus aspectos.

 

 

- En qué medida cabe dentro de sus afirmaciones el concepto de la Necesidad del arte y de su integración a la arquitectura?  Esta pregunta se la formulo pensando en la Ciudad Universitaria donde usted logró objetivos de integrar a su arquitectura la obra de los más importantes artistas extranjeros y venezolanos.  ¿Cuáles fueron los inconvenientes que usted tuvo en su proyecto? ¿Por qué vía ha llegado usted a la integración de las artes?

 

- Antiguamente las artes convivían unidas en los templos, en las tumbas, en los

edificios públicos.  Arquitectura, pintura y escultura eran todo una sola cosa.  Ejemplos de ello los tenemos en el Arte Egipcio y en el Gótico.  El divorcio ocurre durante el Renacimiento cuando nace la pintura de caballete.   Yo he llegado, como usted puede observar, a la integración de las artes a través de la historia.  Ahora bien, la obra de los artistas plásticos no puede ser la misma en sus talleres que cuando ocupan sitio dentro de su complejo arquitectónico donde los principal son los espacios y la funcionalidad.  En esta afirmación está contenido el problema principal que tuve para llevar  a cabo mi proyecto con la ayuda de los artistas plásticos.  La obra de arte en este caso tiene que estar concebida tomando en cuenta la función que va a cumplir en la arquitectura.  Como quiera que estudié en Francia y conocía la obra de Pevsner, Gabo, Vasarely, Calder, Léger, etc., al momento en que se me ofreció realizar la Ciudad Universitaria pensé que estos artistas podrían ayudarme a completar mi proyecto conjuntamente con los artistas venezolanos de más prestigio.  La idea  de la integración parte, de que considero el arte como una necesidad social, y es en la arquitectura donde esta necesidad  más se evidencia.

 

 

- Podría referirme en caso concreto de un artista con el cual se le

presentaron los problemas que usted señala?

- Léger por ejemplo me presentó varios proyectos para que yo decidiera.  Esto significa que los artista plásticos excepcionalmente tienen noción del valor de los espacios en arquitectura.  Pero la potencia de la obra de Léger es tan extraordinaria que pudimos entre ambos lograr la mejor de las soluciones. Muestra de ello son sus obras que ahora se encuentra en la ciudad Universitaria formando parte del patrimonio artístico de los venezolanos.  Con Calder no hubo problemas porque su obra es eminentemente espacial.  Gabo es mucho más espacial que Pevsner; en estas comparaciones puede establecerse el orden de las dificultades que surgieron.  En el espacio se centra uno de los problemas principales de la arquitectura: crear espacios desconocidos, nuevos, interiores y exteriores.  Para nosotros, la Plaza de San Marcos plantea problemas de carácter urbanístico más que de carácter puramente arquitectónico. No ocurre así cuando uno pasa frente a Notre Dame que se siente la necesidad de entrar, porque ella misma nos formula una invitación.  En San Marco más bien se desea permanecer durante mucho tiempo observando, conversando.  Lo principal es el espacio en arquitectura, su funcionalidad.  Mi mayor satisfacción cuando voy a la Ciudad Universitaria es ver a los estudiantes caminando, estudiando en algún pasillo,  los edificios me interesan menos. Cuando la Ciudad está sola, se dice que está muerta: Yo no quiero que ocurra esto en mis obras.

 

 

- Usted realizó también “El Silencio”, obra que sigue siendo el centro vital de Caracas ¿Podría señalarme cual es su opinión acerca de estas obras de interés colectivo?

 

- Ante todo soy un creador y como arquitecto lo esencial para mí es construir. La arquitectura la concibo en función estrictamente social y en relación directa con las artes plásticas.  Estos conceptos siempre han informado mis proyectos y aún los mantengo.  Allí en “El Silencio”, que sigue siendo centro neurálgico de la ciudad, han ocurrido las más grandes manifestaciones populares y han hablado todos los políticos venezolanos en sus más importantes mítines. Allí sucede todo, desde las manifestaciones pacíficas, hasta las más encendidas protestas. Algo parecido ocurre en la Ciudad Universitaria, pero en ella también se forja el pensamiento de los intelectuales venezolanos y se transforma la historia de nuestra ciencia, de nuestra técnica. Es así como mi obra cumple una función social: yo no he hecho más que prever los sitios por donde una sociedad, en convulsionada actitud evolutiva pueda tener escape.

 

 

- Es un hecho cierto que la población de Caracas ha ido emigrando hacia sus alrededores buscando mayor tranquilidad y silencio.  ¿Considera usted a Caracas como una ciudad inhumana para vivir en ella?

 

- Caracas esta construida en un valle angosto sin el menor sentido de urbanismo; por este motivo se hace difícil vivir en ella.  En época de la colonia existían grupos de familia que conservaban vínculos de amistad dentro del área de construcción de una manzana, luego se pasaba a la parroquia y de allí a la ciudad y a las relaciones interregionales.  Esto permitía una vida humanizada.  Ahora la manera de construir no es urbana y esto nos viene de la influencia de los ingleses y norteamericanos.  No ocurre así en París donde la gente vive, trabaja y se divierte en la ciudad. Una ciudad, además de bien planificada desde el punto de vista urbano, debe ser policroma, de allí la belleza de la mayoría de las ciudades antillanas cuyos habitantes pintan sus casas de los colores más atrevidos. En mi arquitectura trato de utilizar el color en su mayor potencia. Cuando se construyó el edificio de la biblioteca de la Ciudad Universitaria, mucha gente se molestó y hasta directores de periódicos me amenazaron con protestar por el uso que di al color en ese edificio. Hoy el público lo ha aceptado.  Se trata de educar la sensibilidad hacia la policromía.

 

 

- Tiene que ver en alguna forma la integración de las artes con Bauhaus?

 

- En cierto modo sí. Pero Bauhaus se ocupó más bien de la integración de la artesanía, la industria naciente y el diseño.  Forma y función son los aspectos fundamentales que interesan a La Bauhaus.  Cambiar la forma de las lámparas, los muebles, los útiles de cocina y los más variados objetos de uso común fue el principal aporte de Bauhaus.  La arquitectura abarca todos los problemas, desde el diseño de un cenicero, hasta la planificación de una gran ciudad.

 

 

- Cuando se construía la Ciudad Universitaria, usted sabe que estaba constituido en París el grupo de “Los Disidentes”; integrado en su mayoría por artistas venezolanos, de los cuales algunos de ellos realizaron obras en colaboración  con usted. ¿Podría referirnos alguna opinión acerca de este grupo de artistas?

 

- No quisiera hablar de “Los Disidentes” porque la complejidad de intereses de ese movimiento, no admite que yo lo juzgue de manera unipersonal.  Ante tanta diversidad de opiniones de un grupo que quiso ponerse de acuerdo acerca de lo que debía hacerse en materia de arte, y al mismo tiempo resolver los conflictos de orden íntimo de cada uno de ellos, resultaría aventurado cualquier tipo de enjuiciamiento.  Yo simplemente los invité a colaborar conmigo en la Ciudad Universitaria.  Matero Manaure y Pascual Navarro que fueron, entre otros, los primeros en llegar, de inmediato me brindaron ayuda.  Igual lo hicieron Armando Barrios, Alejandro Otero, Víctor Varela y todos los demás que se encuentran representados en la Ciudad Universitaria.  Quisiera señalar además el nombre de Francisco Narváez, que aunque no perteneció a “Los Disidentes” fue un excelente colaborador.

 

 

- Usted posee una de las más importantes colecciones de arte que existe en Venezuela, ¿podría decirme cual es la orientación inicial que usted dio a sus adquisiciones para irlas formando

 

- En mi colección figuran un cierto número de obras que no entran dentro de la línea que me he propuesto.  Todas las demás es decir la mayoría, las he ido reuniendo tomando en cuenta los problemas de espacialidad que ellas formulan, porque es el  espacio lo que más me interesa en la obra de arte y en la arquitectura.  Por ello Moholy-Nagy, Tinguely, Calder y Soto, ocupan sitio especial dentro de mi colección.

 

 

- De nuevo se ha insistido sobre los problemas que confrontan los salones de artes plásticas en el país.  Usted como miembro que ha sido en muchas oportunidades de los jurados que otorgan los premios en el Salón Oficial de Arte Venezolano ¿Podría darnos su opinión sobre estos eventos artísticos y las recompensas que en ellos se otorgan?

 

- Los premios significan un aliciente para el artista, un estímulo para su trabajo y al mismo tiempo, un apoyo a la cultura venezolano.  Respecto a los salones, me parece que su estructura debe cambiarse por anticuada.  Pienso, entre otras cosas, que la periodicidad anual con que se organizan, no da tiempo suficiente a los artistas para presentar nuevas proposiciones.  Los artista venezolanos tienen posibilidades inmensas, pero en el estímulo que se les da debe orientarse en mejor forma a través del Gobierno y de la iniciativa privada.  Esto permitiría que los artistas se dediquen tiempo completo a su oficio y no se distraigan en otras actividades ajenas.  Si se modifica toda esta estructura y se piensa en la integración de las artes, los artistas podrían colaborar en la arquitectura pública y privada, en el diseño industrial etc., teniendo más posibilidades de vivir con menos angustias económicas.