Homenaje nacional rindió Academia de Historia a la memoria del General Pedro Arismendi Brito

EL UNIVERSAL – CARACAS, VIERNES 2 DE ABRIL DE 1976

 

Homenaje nacional rindió Academia de Historia a la memoria del General Pedro Arismendi Brito

 

Su retrato, obsequiado a la Corporación por don Juan Bernardo Arismendi Lairet, exornará desde ahora su Salón de Sesiones.

 

Como estaba programado, ayer a las 5:30 pm., se verificó en la Academia Nacional de la Historia un homenaje nacional a la memoria del ilustre investigador de la historia y alto poeta General Pedro Arismendi Brito, quien fue individuo de número de esta Corporación.

 

El acto fue abierto por el Vicepresidente encargado de la Academia, doctor Blas Bruni Celli. Seguidamente tomó la palabra el profesor Pedro José Muñoz, Individuo de Número e historiador de obra densa y valiosa.

 

Elogio de un hombre

 

El discurso del profesor Muñoz se denominó Elogio del Señor General don Pedro Arismendi Brito en la Junta celebrada para colocar su retrato en la Academia Nacional de la Historia.

 

Inició el profesor Muñoz su oración recordando que “honrar, honrar”. Evocó la figura grave, austera, altiva e imponente del varón que estaba regresando de manera triunfal al ámbito solemne en cuyo seno ocupó sitio de elección”.

 

Señaló el homenaje que se estaba rindiendo como un acto de justicia, desde luego que el General Arismendi Brito consagró los mejores momentos de su meritoria existencia a exaltar, a mantener en alto como una lucida enseña, el prestigio y dignidad de la Corporación de la cual fue uno de los fundadores, miembro conspicuo y Secretario Perpetuo.

 

Breve nota genealógica.

 

-Decir Arismendi en Venezuela- afirmó el profesor Muñoz – es algo semejante a lo que en la Europa feudal significaba contar con “un antepasado en las Cruzadas”. Porque si los bravos caballeros cristianos fueron hacia el Oriente en pos de la liberación de los Santos Lugares donde se deslizó la preciosa existencia del Hijo de Dios, también en nuestro suelo venezolano tenemos el derecho de evocar los nombres de cuantos ofrecieron sus esfuerzos, sus empeños y su voluntad a la magna de liberar la tierra en donde sus mayores realizaron la ingente labor de hacer el espléndido donativo de la lengua y de la religión, cuando llegó el momento en que se sintieron con derecho a gozar de vida libre e independiente. Porque, indudablemente, la contienda por nuestra liberación revistió los caracteres de una verdadera cruzada, en la que, con mejor suerte que en la lucha medieval, pudieron fijarse los hitos luminosos que se llama: Boyacá, Pichincha, Junín y Ayacucho. Y en la espléndida constelación que destella en el cielo de la Patria libre, brillan con luz propia los nombres del gallardo paladín de Matasiete y el de la niña heroica que es como propiciatoria ofrenda en el ara de la Patria.

 

Recordó que el primero de los Arismendi que vino a Venezuela fue el Capitán Juan Bernardo Arismendi, nativo de Fuenterrabia en la provincia de Vizcaya. Que en 1740 llega al servicio de la Real

 Fuerza de Araya, y pasó luego a desempeñar la Comandancia del Castillo de San Antonio, en Cumaná. De su enlace, realizado en Araya con doña Manuela Barruecos Rodríguez, hace numerosa descendencia.  En ella está Eugenio Marín, quien unido a doña Luisa Marcano, es padre de Miguel Arismendi. Y éste, a su vez, junta su destino al de María Josefa Subero de Eguia Alfonzo.

 

Dijo que los hombres de esta raza fueron servidores del rey con fidelidad y decisión. Pero que, ante el albor de la Patria naciente, y conscientes de un nuevo deber que les toca reconocer y acatar, van a la lucha por ese nuevo y grandioso ideal, adhiriendo[se] desde los primeros momentos al movimiento de independencia que sacude a la tierra americana. Por ello los hijos de Miguel de Arismendi, decididos y entusiastas, [se unen] a las filas patriotas. Tres adalides surgen de ese hogar que puede llamarse privilegiado: Juan Bautista, es glorioso luchador en la isla de Margarita, de la que se convierte en el héroe epónimo: José Loreto y Pedro, ambos brillantes militares cuya memoria consagra el título de Ilustres Próceres con que les reconoce la posteridad.

 

Se refirió luego el profesor Muñoz al coronel José Loreto Arismendi, quien al lado del Libertador cuenta por campo de sus hazañas el suelo extenso de la América en armas. Une su destino a Isabel Antonia López de Brito y de la Cova, del también Prócer José Leonardo López de Brito Sánchez y de Nicolaza de la Cova y Betancourt. De esta unión nacen: José Loreto, bravo luchador al servicio de la Causa Liberal; Diego Bernardo, quien unido a Rufina Rauseo Vallesillo, hubo en ella numerosa descendencia. Y el tercer hijo del Ilustre Prócer nace en Carúpano, en el año 1832: Pedro Arismendi y López de Brito. Consecuente con la que es tradición en la familia, se hace militar. Pero si su hermano José Loreto realiza brillante carrera en las filas liberales, Pedro sirve con igual lucimiento en la causa conservadora. Premio y cabal reconocimiento de sus valiosos servicios son los sucesivos ascensos que le llevan a la alta graduación de General.  En triunfo de la Causa Liberal le conduce a una digna y voluntaria situación de retiro de las actividades castrenses.  Se mezcla en las luchas políticas con fortuna varia, hasta que los años lo hacen retirarse igualmente de tales andanzas, y emprende, decidido y activo, el cultivo de las letras donde le esperan las mayores satisfacciones. Don Pedro Arismendi Brito se casó en Caracas con la señora doña Mercedes Ravelo, de la que no hubo sucesión. Viudo durante largos años, entregado a sus actividades intelectuales, cargado de años y de merecimientos, falleció en Caracas el 1º de febrero de 1914.

 

Hizo seguidamente el profesor Muñoz el recuento de la formación intelectual de Pedro Arismendi Brito para quien Juan Vicente González, el insigne polígrafo venezolano, fue el maestro armado. Ya Arismendi Brito se hallaba seducido por las bellas letras. Se apegó a González y de él recibió la intensa afición al clasicismo que habrá de ser el norte de su vida literaria.

 

Adujo el profesor Muñoz que las deidades olímpicas envolvieron en sus rayos protectores la vida espiritual de Arismendi Brito. Que Marte, el dios de las hazañas guerreras, le brindó sus arreos y lo guió por senderos que lo condujeron a escalar el generalato.

 

Rememoró que de esa dualidad entre lo bélico y lo poético provino el elogio que le hizo el gran poeta Abigail Lozano:

 

“Pedro Arismendi Brito

al par guerrero y vate,

en cuyo pecho late

sin miedo el corazón”.

 

Narró sus actividades como militar y al referirse después a la labor literaria, aseguró que don Pedro había encontrado en el cultivo de las letras su Camino de Damasco. Don Julio Calcaño lo llamó “Varón de saber; artista y poeta”, al insertar una selección de sus versos en Parnaso Venezolano”, aparecido en 1892. En el año de 1895 figuró en el Primer Libro Venezolano de Literatura, Ciencias y Bellas Ates, un estudio de Arismendi Brito denominado “La poesía lírica en Venezuela. Estudio sobre su profesión y estado actual”. Esa monografía fue un ponderado y profundo análisis de la brillante cohorte de hombres que dedicaron los más floridos días de su existencia al elevado intento de cantar la belleza.

 

Vida académica

 

Comentó el profesor Pedro José Muñoz que cuando el presidente Rojas Paúl creó en 1888 la Academia Nacional de la Historia, apareció el nombre de Pedro Arismendi Brito entre quienes habrían de integrar esa Docta Corporación en donde ocupó el Sillón. Sus colegas  de Academia para premiar su desvelo por el buen suceso de la Corporación lo eligieron Secretario, cargo que en aquella época gozaba del privilegio de la perpetuidad.

 

Señaló que las páginas del Boletín de la Academia Nacional de la Historia contienen valiosos trabajos de investigación del General Pedro Arismendi Brito. Y que en 1906 recibió una nueva distinción: la Academia Nacional de la Lengua, correspondiente de la Real Española, lo eligió como uno de sus Individuos de Número. Se incorporó el 6 de mayo del mismo año de 1906 para sustituir a don Manuel Fombona Palacio. En su discurso de incorporación arremetió contra el fantasma del decadentismo que amenazaba la sólida estructura de la lengua de Cervantes, Quevedo y Lope de Vega.

 

Refirió que en los talleres de la Tipografía Americana fue realizada la edición de un libro contentivo de los últimos cantos del General Pedro Arismendi Brito, ya anciano: “Versos, apenas Versos”.

 

Concluyó su pieza oratoria el profesor Muñoz manifestando que don Juan Bernardo Arismendi Lairet, sobrino –nieto como su hermano Pedro, del General Pedro Arismendi Brito, le entregó a la Academia Nacional de la Historia la pieza pictórica que recogió la vera efigie del gallardo militar y eminente poeta: “Don Pedro ha vuelto. Ha entregado como siempre, arrogante y correcto, en el ambiente al cual le vinculan sólidos lazos de afecto.

 

Llegó con paso firme y vigoroso, haciendo sentir sus pisadas voluntariosas que toman posesión del suelo de donde había estado ausente. Pero, ha vuelto; aquí está y su presencia es grata en este recinto que aprecia su nombre y venera su recuerdo. Ha entrado el viejo prócer. Coloca su sombrero y su bastón en el sitio en que acostumbra hacerlo. Toma luego un grueso volumen y sentándose frente a su escritorio inicia su labor de estudio y producción. Y yo os invito: guardemos silencio, señores. Alejémonos sin ruido, porque el anciano prócer está dedicado a su habitual, constante y fecunda labor. Respetemos su preclara soledad. Don Pedro ha vuelto y está trabajando.

 

Una salva de aplausos de parte del selecto auditorio integrado por académicos, escritores, poetas y miembros de la familia del General Pedro Arismendi Brito premió la elocuente oración del Maestro del buen decir, profesor Pedro José Muñoz